El Gen Emprendedor

  • 13 abril, 2018

Cuando nos encontramos por primera vez con una persona, poco podemos saber de su pasado a primera vista. Como una herramienta de supervivencia, nuestra mente elucubra ciertas fantasías nutridas por los lugares comunes o, sin malentender, prejuicios superficiales.

Es así como adelantamos conclusiones sobre el sacrificio que le tomó a esa persona llegar a donde llegó, la dosis de suerte que tuvo, su capacidad, su visión, y así podemos seguir dependiendo del tiempo dedicado al análisis de este nuevo individuo.

Cuando conocí a José, fundador y socio mayoritario de Suavenol, mi mente no pudo esquivar los caminos regulares y procedió a analizar a este afable hombre de gorra, que daba impresiones de conocer y tener siempre presente las principales variables de su negocio.

¿Cuál es el camino para generar un emprendimiento productivo en Argentina que emplea a 25 personas? Tal vez, pensé, sea una empresa familiar de segunda generación, ya que José no es un hombre mayor (debe rondar los cuarenta y pocos años).

De ahí se dispara un bagaje mental mientras recorro la planta. Los procesos pueden mejorarse, pero están bastante aceitados, el método de trabajo es en línea y respeta los principales fundamentos de layout y distribución del trabajo. Tal vez haya contado con soporte técnico previamente. Y sigo mi recorrido. Los procesos administrativos requieren trabajo y un leve salto tecnológico, pero las cuentas están en orden y la salud del negocio es buena. Tal vez sea simple de administrar.

Pero nuestro trabajo no consiste en hacer revisionismo histórico o generar un perfil del cliente, sino en ayudarlo a mejorar poniéndonos a la par, sin hacer consultoría de consejos, sino sentándonos a proponer e implementar, a desarrollar herramientas y generar procesos de transformación, porque No Somos Consultores, somos Polenta.

Es así que mientras avanzamos en nuestro trabajo fui conociendo más a José, y mitigando todos los “tal vez” que la mente planteó en aquel primer encuentro.

En una de las charlas que compartimos, un día José nos cuenta quién es, fruto claro de los esfuerzos que realizó. A finales de los 90 tuvo la posibilidad de vivir en USA, pero si bien nuestro país se desmoronaba, el sintió que su lugar era aquí y volvió para fundar una pequeña distribuidora de artículos de limpieza en zona sur. Con su olfato de emprendedor entendió que el grueso de los pedidos estaba en el papel higiénico y en su mente comenzó a nacer Suavenol.

Investigó el negocio e invirtió su capital en innovación: en una máquina bobinadora, y consiguió un proveedor de bobinas industriales de papel que le vendiera por menor. En una “utilitaria 504 con caja” recorría más de 100 km para poder traer solo 2 bobinas de 700 kg., las que, en su primer taller, procedía a cortar de manera manual para poder adaptarla a su máquina no estándar.

Recorrió barrios en un scouter levantando pedidos y haciendo cobranzas, coordinó envíos y planificó rutas, tomo todos los roles y hasta atravesó un colapso económico nacional.

El gen emprendedor no está en todos, pero poco tiene que ver con la biología. Ese gen nace del esfuerzo, la tenacidad, la resiliencia, el empuje y las ganas de aprender y superarse.

José lo tiene, y le permitió ser Jefe de Compras, Producción, Ventas, Logística y Cobranzas, multiplicar las máquinas, generar trabajo y seguir creciendo.

Pero otro factor importante de este gen emprendedor es saber que uno solo no puede, que por más esfuerzo que haga, no se puede ser el mejor en todos los roles y que hay que saber cuándo pedir ayuda. Primero encontrando en Gonzalo un socio con empuje y creatividad para dar el siguiente paso, y hoy con nosotros que estamos orgullosos de poder ayudarlo.

 

Fernando Mosteirin
Fernando Mosteirin

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